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viernes, 30 de enero de 2015

SONETOS DE HISTORIAS INVENTADAS -Carlos Atienza Cuenca-

SONETOS DE HISTORIAS INVENTADAS

Sentados junto al fuego contamos cuentos de miedo,
sobre malvados villanos que jamás conoceremos.
Sobre nosotros el cielo, un manto oscuro estrellado,
bajo nosotros el suelo, con mil cuentos enterrados.


“Erase una vez un hombre avaricioso y cegado
por un hambre de dinero que jamás será saciado.
Ese hombre tuvo un hijo, quiso darle su legado,
pero el hijo vio la sangre en el dinero heredado.

No puedo aceptarlo, padre; dijo el niño avergonzado.
No merezco este dinero, pues yo no me lo he ganado.
Al oír esto su padre quiso dejarle bien claro
que el dinero lo era todo en este mundo de esclavos.

No le faltaba razón a ese poseído padre
que solo pensó en el oro y dejó a su hijo de lado
para coger sus riquezas y en un cuarto encerrarse.

Pero él no vivió una vida, era un hombre esclavizado
en un mundo donde el pobre es el que muere de hambre
y el rico nunca vive porque el vivir no es caro”.


“Existía en un pueblo de un lugar bien alejado
una casa donde el hombre hablaba por Dios en alto.
Los humildes ciudadanos escuchaban embaucados
a ese hombre que sin creer en Dios decía leer su mandato.

Sintiéndose superior les hablaba como a hermanos,
juzgaba sin conocer a todo aquel que había pecado.
Ironía, pues sabed que él pecaba todo el rato
y nunca pidió perdón ni a Dios ni a los ciudadanos.

Para conseguir poder hizo de Dios un ser temido
del cual dijo mil mentiras, era un hombre interesado,
pues habló de salvación mientras pasaba el cepillo.

Murió sabiendo que no habría cielo al otro lado,
en su entierro un ataúd, oro puro en sus anillos
y lágrimas de personas que se creyeron su engaño”.


“Cuenta la leyenda que hubo una guerra sin soldados
donde el enemigo cabía en un pequeño frasco.
Mató a miles de personas a pesar de su tamaño,
tomó forma de epidemia en países atrasados.

Los enfermos pidieron la cura y no les ayudaron
aquellos países libres, aquellos buenos cristianos.
Aún llamándose a sí mismos Estados Desarrollados
demostraron ser tan crueles como imperios del pasado.

Que no os extrañe esto, la razón era sencilla,
en el mundo el egoísmo es el himno más cantado
y nadie cede su ayuda sin una contrapartida.

Tras la interminable guerra el virus se había cobrado
las vidas de muchos hombres, de niños y de familias
mientras que los poderosos lavaban sus sucias manos”.


Y mirando a las estrellas nos empieza a entrar el sueño,
es hora de que dejemos los cuentos y descansemos.
Todos juntos comentamos las historias que han contado
¿cuánto tendrán de real, cuánto será imaginario?

Carlos Atienza Cuenca

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